La cena de Lúculo
Lúculo, famoso general romano vencedor de Mitrídates vivia con gran lujo en una quinta frente al mar, en Nápoles. Leer más…
Lúculo, famoso general romano vencedor de Mitrídates vivia con gran lujo en una quinta frente al mar, en Nápoles. Leer más…
Publio Cornelio Escipión fue un Cónsul exaltado a la fama tras conquistar España y haber vengado las derrotas sufridas por Roma a manos de Asdrúbal. Tras tomar Cartagena, dirige la batalla de Zama la cual pone fin a la Segunda Guerra Púnica, derrotando al general cartaginés Anibal. Regresa a Roma, donde es reconocido con múltiples honores y lo distinguen con el sobrenombre de “el Africano”. Leer más…
Cuando Humberto I quiso reconocer a Giuseppe Verdi otorgándole el titulo de marqués, sobre la base de sus servicios a la causa de la unidad italiana y por el pueblo reconocer en el apellido Verdi el anagrama “¡Viva Vittorio Emmanuele Re d Italia!”.
Verdi, quien era un hombre modesto exclamó: Leer más…
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Federico el Grande, rey de Prusia, preguntó a su medico, el suizo doctor Zimmermann:
–Dígame francamente, doctor, ¿cuántas muertes tiene en su conciencia?
El médico le contestó lacónicamente:
–Unas trescientas mil menos que su majestad.
El coche del rey Federico de Prusia volcó por una imprudencia del cochero. El soberano se enfureció a lo que el conductor le respondio con suavidad:
–“Conforme ha sido una desgracia. Pero vos, majestad, ¿nunca perdisteis una batalla?”
Tras la batalla de Iso en que Alejando Magno derrota al rey persa Darío, se sucede un cruce epistolar en la que el derrotado ofrece amistad al vencedor al tiempo que pide le devuelva la familia capturada por los macedonios y ofrece en matrimonio a su hija para sellar la alianza.
Tras la derrota sufrida por el rey de Asia en Iso, el ejercito de Alejandro magno hizo prisioneros a la bellísima esposa de Darío, a su madre, sus hijos y su harén. Darío le ofreció amistad a Alejandro, quien le responde con una carta llena de vanidad. A pesar del desplante, el rey persa insiste en la devolución de la familia y le propone algo más que alianza, que sea su yerno. Llegaba al máximo la humillación a la que se sometía Darío por recuperar su familia y conservar el poder que aún tenía sobre vastos territorios asiaticos. Leer más…
“Viktor” (Choro) entro a las 5 de la tarde con una pistola pidiendo dinero a todos (había gente en la peluquería), cuando la peluquera “Olga” simuló darle un dinero, de pronto (parece que sabia algún arte marcial) le dio un golpe y lo tumbó. Eso ocurría en Rusia.

Potemkin
En la Corte de Catalina la Grande, en Rusia, los favoritos se sucedían de acuerdo a las circunstancias. En su momento, el favorito Orlov fue sustituido por el príncipe Potemkin. Ambos personajes se encontraron en Palacio y reino un silencio sepulcral. Potemkin, decidido, rompe el mutismo preguntando:
Carlos Rivero Solar era un hombre llenó de inquietudes tecnológicas y siempre estaba tras algún inventos, algunos de gran utilidad para la calidad de vida. Don Carlos, había ideado la manera de traer agua al caserío “El Naranjito”, situado por los lados de Cabure, en la Serranía de Coro en el Occidente de Venezuela. El objeto de la aplicación era mover el trapiche, inventado por él. También creó un sistema para descerezar el café economizando tiempo y personal. Pero su imaginación volaba más allá de estas creaciones utilitarias: esos es, pensaba en volar y para ello ideaba la confección de dos inmensas alas.

El laborista ingles Ramsay MacDonald coincidió en la casa de un amigo mutuo en Londres. Churchill al observarlo se hizo el firme proposito de no hablarle de política, pero a la hora de la despedida, Churchill no aguantó hacerle el siguiente comentario:
-Ustedes no podrán cumplir jamás las promesas que hacen al pueblo
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El conde Romanone ordenó condecorar a un diputado de su partido. “¿Por qué te ha condecorado?” preguntó un amigo, a lo que el agasajado respondió:
– No se, no he cometido la indiscreción de preguntárselo
En 1922, el Partido Liberal de Lloyd George en la Gran Bretaña, abandonó el poder como consecuencia del triunfo conservador en las urnas. Winston Churchill, ministro hasta entonces, ni siquiera obtuvo escaño en las elecciones. Acababa de sufrir una operación de apendicitis y con cierta tristeza mezclaba con su humor el siguiente comentario:
- Estoy sin cartera ministerial, sin cargo, sin escaño, sin partidos y sin apéndice.
Carlos VI de Alemania hallándose en su lecho de muerte, vió entrar al sacerdote con el viático, señaló débilmente con la mano los dos velones que habían puesto en su cabecera y dijo en voz audible por todos los presentes:
- Como jefe supremo del Sacro Imperio Romano Germánico, tengo derecho a cuatro velones en el momento de recibir la extremaunción.
Decía un cortesano al emperador de los franceses:
- A vos, sire, se os debe el haber acabado con el espíritu revolucionario.
- Os equivocáis – contestó Napoleón. Yo sólo soy el punto que marca la página en que la revolución se ha detenido. Cuando me muera, la Historia volverá la hoja y la revolución continuará su marcha.